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Expresar de manera inadecuada tu molestia, dolor o miedo puede hacer que no tengan en cuenta tu necesidad y pierdas la oportunidad de llegar a un acuerdo. Te presento unas pautas sencillas para prevenir una situación que nadie desea y te pueden ayudar a solucionar tu conflicto.

Las diferencias de opinión, maneras de ser y hacer, sea generacional, por sexos, actividad o intereses, crean diferencias constructivas cuando aceptamos la opinión contraria y que no siempre tenemos razón, que nos equivocamos y que el daño producido por otros se puede reponer sin ir a más.

Pero por múltiples razones, más veces de las que quisiéramos no podemos controlarnos y perdemos los papeles, pasando de una contradicción a un enfado y de ahí a la ruptura de la comunicación e incluso de las relaciones.

Debo reconocer que éste es un tema demasiado apasionante para recoger las múltiples variables en un solo artículo. Pero a modo de introducción, me vais a permitir que recuerde aquí lo que tanto nos decían y no entendíamos por qué, y sin embargo, tiene su sentido y su efecto positivo: “cuando te enfades cuenta hasta diez, cierra los ojos y empecemos de nuevo”.

Una frase coloquial de la que, de manera muy sencilla, quisiera enumerar las fases por las que pasamos cuando nos enfadamos, sentimos que estamos a punto de explotar y decidimos empezar a contar:

  1.  Te acuerdas de respirar a buen ritmo.
  2. Recuperas el ritmo cardíaco, el torrente sanguíneo vuelve a circular con normalidad y tus músculos se relajan.
  3. Tomas el control de tus emociones y el impulso agresivo desaparece.
  4. Bajas el tono de voz y la velocidad de la dicción.
  5. Piensas sin ofuscación y buscas alternativas para resolver las diferencias.
  6. Recuperas el tono flexible de la comunicación y logras transmitir tu mensaje.
  7. Superas la barrera del NO y conectas con los intereses de la otra parte.
  8. Se establece la empatía y la asertividad entre las dos partes.
  9. Se inicia la negociación, se encuentran soluciones y se cierra el acuerdo.
  10. Satisfacción por controlar la emoción, finalizar la disputa y restaurar las relaciones.

Con este decálogo, lo que pretendo es mostrar que cuando nos enfadamos, se produce una reacción en cadena con efectos directos en nuestro metabolismo, en el control de nuestras emociones, dificulta la interpretación del mensaje que damos y que percibimos, y nos impide ver la solución del conflicto.

Es natural y perfectamente lógico que cuando empieza el proceso, el punto de partida de las partes es, en la mayoría de los casos, en un estado emocional de enfado que bloquea la negociación y dificulta la solución al conflicto. Para evitar esta situación hay que aceptar el enfado como un estado de ánimo al que tenemos derecho, pero que debemos controlar para bajar su intensidad, mejorar su expresión e incluso que desaparezca por completo.

Los mediadores deben saber qué técnicas de comunicación y negociación emplear para lograrlo, desbloquear el proceso y que ambas partes puedan finalizarlo de la mejor manera posible. Pero también, para que no les afecte directamente y puedan mantener la neutralidad y la imparcialidad, sin tomar partido ni por la causa, ni por las consecuencias, ni por cómo les afectan a las partes en lo positivo o negativo.

Por último, no olvidemos que una decisión tomada estando enfadados provoca que, contrariamente a lo que se cree, en la mayoría de las ocasiones haya ARREPENTIMIENTO, lo que reduce considerablemente la efectividad y durabilidad del acuerdo.

Así que recuerda: tienes todo el derecho de estar enfadado, pero también tener tranquilidad emocional y claridad mental con las que encontrar la solución. Tu tranquilidad y el/la Mediador/a son tus mejores aliados para finalizar el conflicto.

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